Conrado Marrero cumple casi 100 años

Durante casi dos horas, Conrado Marrero recordó diversas etapas de su larga vida, matizada de anécdotas y haciendo alarde de una excelente memoria. Fotos: Ricardo López Hevia

El segundo ex pelotero de más edad en el mundo goza de buena salud y una memoria prodigiosa. Más de 360 victorias en su carrera. Integrante de cuatro equipos Cuba campeones mundiales

Granma

SIGFREDO BARROS
sigfredo.bs@granma.cip.cu

El apartamento, limpio, ordenado, pintado de un tenue color crema. En el balcón, a un costado está sentado un hombre con espejuelos negros, de piel muy blanca, casi rosada. Entre los dedos de su mano derecha aprieta un tabaco delgado, apagado, que parece haber nacido con él. Es una leyenda del béisbol mundial. Un símbolo de cubanía.

Cuando le pregunto cómo se siente…

“Chico, ¿cómo tú crees que me sienta después de haber dado tantas vueltas en casi 100 años?.”

La visión ya no le acompaña. Su voz, rajada, como de sonero, retumba en toda la habitación. Viste elegante, con pantalón carmelita oscuro, pulóver azul brillante, sandalias de piel. Su memoria es aún prodigiosa. Recuerda los inicios en Laberinto, los nombres de los que jugaron con y contra él, las veces que le ganó a los Yankees, los tres ponches que le propinó una vez a un bateador de la clase de Claro Duany (“y pudieron ser cuatro, pero el ‘ampayer’ me dijo que si no me daba pena no dejar batear a un hombre como él”).

¿Cómo se inició en el béisbol?

“Yo tenía unos 13-14 años, bastante “espigadito” para aquel entonces. Jugaba en los campos, los domingos venía gente de otros lugares, montada en un camión, y me ponían en el ‘siol’ o la tercera. Pero un domingo al pitcher de mi equipo le entraron a palos, explotó, y yo fui el que lo relevó. De ahí en adelante comenzó mi carrera como lanzador, nunca más jugué otra posición. Me venían a buscar de Isabela de Sagua, de Cienfuegos, hasta que entré a jugar con los cienfuegueros.”

¿Quién lo enseñó a lanzar?

“¿A lanzar? ¡Nadie! Esos eran otros tiempos, no había entrenadores por todas partes como ahora. Yo me fijaba en los que tenían más edad que yo. Sabía que no poseía mucha velocidad y empecé a tirar curvas y a trabajar con el control. Pitcher sin control no es pitcher. Después aprendí a tirar la slider y con esos dos lanzamientos llegué hasta las Grandes Ligas.”

Su nieto, Rogelio, trae una pelota y Marrero comienza a darme una lección de pitcheo: “Mira, yo ponía los dedos así, arriba de las costuras, para tirar la slider. Apretaba bien la pelota y me salía con velocidad, tiraba la slider más duro que la recta, por eso la usaba tanto”.

Hoy en día se ha puesto de moda dirigir el pitcheo desde el banco. ¿Lo dirigían a usted cuando lanzaba?

“A mi nunca nadie me dirigió. El catcher y yo llevábamos el juego. El pitcher tiene que tener memoria y recordar con qué lanzamiento le dieron un batazo y no repetirlo cuando llega de nuevo ese bateador. Recordaba siempre con qué bola me daban un batazo. Una vez Luque (Adolfo) salió del banco y llegó hasta el box para decirme cómo tenía que lanzarle a un jonronero llamado Dick Sisler. Le dije: ¿y usted qué hace aquí? Yo sé cómo lanzarle a Sisler.”

EL SALTO HACIA GRANDES LIGAS

A los 39 años, una edad a la que muchos lanzadores hoy en día ya están acogidos al retiro, Marrero llegó a las Grandes Ligas a jugar con los Senadores de Washington, un equipo cuyo lema era todo un canto a la prepotencia yanki: Washington, primero en la guerra, primero en la paz… y último en la Liga Americana, la única verdad de toda la frase.

¿Cómo llegó?

“Cambria (Joe), el scout que nos firmó a casi todos nosotros, me trajo un recado del dueño de los Senadores: Marrero, dice Griffith que tú ganas más dinero que lo establecido en una liga como la de la Florida. Tienes que irte a lanzar con los Senadores. Yo le contesté que me diera un tiempo, pues esa temporada yo había lanzado más de 300 innings entre el Almendares y el Havana Cubans. Así fue y el año siguiente, 1950, debuté con los Senadores.

“No me fue mal. Llegué como se dice ya viejo, sin tener la estatura y el peso de otros, a lanzar con un equipo que ni bateaba ni fildeaba y tenía pocos relevistas. Muchas veces le decía a Bucky Harris (el mentor) que me sacara y el me contestaba que aguantara, que no tenía a nadie para relevar. Una vez perdí un duelo con Bob Feller, uno de los pitchers que yo he visto tirar más duro, porque con las bases llenas y dos outs el ‘siol’ cogió un roletazo, la segunda no entró y el no tiró a primera. Si yo hubiera jugado con los Yankees, ganaba diez juegos más por año.”

Un consejo a los lanzadores de hoy.

“Cuando yo veía la televisión observé a muchos pitchers que no saben caer. Meten demasiado afuera la pierna delantera y casi se van de lado. Si le tocan la bola no pueden sacar out. También no usan toda la tabla de lanzar, se quedan en una esquina y de ahí lo tiran todo, no se mueven de acuerdo con el lanzamiento que van a lanzar, si es adentro o afuera.”

¿Me invitará a la fiesta el próximo año, cuando cumpla los 100?

Su respuesta me hace reír tanto como a la entrada: “Yo te invito, pero te va a costar trabajo entrar, con tanto viejo que se va a reunir aquí”.

¡Qué pitcher!

Testimonios

Marrero en cifras

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